Un adiós en ocasiones es algo para siempre. Y eso lo que intento hacer yo cuando lo digo, olvidarme de todo, alejarme de lo que está en relación con lo que me despido, demostrar que quiero evadirme y que ese adiós es algo serio. En ocasiones hay gente que se niega a oírlo, y que intenta una y otra y otra vez hacerte romper el significado de esa palabra. Pero no puedes. Eso es algo superior a ti, es como un comodín, es algo que necesitas decir, un escudo, un borrón y cuenta nueva. Una palabra que te hace daño, por un tiempo, pero prefieres ser tú quien te haga daño a que sea otra persona. Porque te gusta calcular cada movimiento que realizas en el ajedrez de la vida, porque te apasiona dominar tu vida, y porque ya te han hecho mucho daño y no necesitas más. Dices adiós y te marchas, dejas todo atrás, y no quieres volver a mirar a ese lugar, no, tienes que irte, rápido y muy lejos, porque cuando dices esa palabra es porque quieres que la consecuencia sea mínima y que te recuperes cuanto antes posible. Así, y solo diciendo esa palabra sigues hacia delante en tu camino, con todos esos retos que hay por vivir, y batiéndote en soledad con los mayores duelos, no quieres perder el tiempo, ansias vivir tu vida tal y como soñaste, y el adiós es solo un pequeño paso más.
domingo, 5 de junio de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)