Ella, con sus ojos color miel, su pelo cobrizo, su clasicismo a la hora de vestir. Llevaba entre sus manos el periódico del día, un hermoso vestido blanco motedo con flores de surtidos colores y unas sandalias rojas a conjunto con su fular y su chaqueta. Tenía 25 años y se acaba de instalar en la ciudad para ser asesora de moda de famosos y diriguir su negocio de diseño.
16:45
-¿Aún sigues aquí? Te dije que te fueras, que me dejaras sola.
-¿Y perderte?, eso nunca.
-Ya te lo he dicho, se ha acabado todo, ¡VETE Y NO VUELVAS!
-Grítame todo lo que quieras, si es que así te sientes mejor, pero nunca, nunca, pidas que deje volar a mi princesa de cuento de hadas.
-Ya, para. No hagas esto más duro de lo que es. Cruza la puerta.
-No puedo, eres el oxígeno de mi vida, el corazón que bombea mi sangre y la razón por la que día noche, cual quinzeañero, ocupo minutos de mi vida pensandote.
-Yo también te quiero, pero todo acaba, ¿oyes?, todo acaba.
-Ya no estás enamorada de mi.
-No.
-Ya no darías tu vida por un segundo a mi lado.
-No.
-Ya no quieres pasear conmigo durante horas
-No.¡NO, NO Y NO!
16:58
Él cruza la puerta entre lágrimas y en el suelo encuentra una nota:
Séparate de él si no quieres que muera. Te doy hasta la 17:00.
16:59
Él corre hacia ella y la abraza. La besa y la susurra al oído:
-Conmigo cariño, estás asalvo.

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