Parece singular que aquella persona a la que yo amé con todas mis fuerzas, aquella por quién sufrí hasta el último día esa por quién moriría una y mil veces... Ni si quiera se despidiera de mi con un te quiero, pero aquello no me importó, yo sabía que me amaba simplemente me dejó escritas en una hoja estás palabras:
¡QUÉ NO SE TE OCURRA LLORAR! No gastes ni una sola lágrima en algo que ya no tiene solución, mi final está al caer y solo quiero ofrecerte unos instantes para mostrarte y revelarte lo que nunca quise llevarme a la tumba.
Cada segundo que me pasé mirándote, fue para esculpir tu cuerpo en mi mente.
Cada instante en que inhalé con fuerza el aire, fue para no olvidar tu olor.
Cada vez que hablabas y yo cesaba mi voz, fue para quedarme con tus frases más bonitas.
Cada vez que abrí con fuerza mis ojos, fue para capturar toda la luz que radia tu sonrisa.
Cada vez que toqué tu cuerpo tan despacio, fue para no olvidar que se siente al tocar las nubes del cielo.
Cada vez que te besé a destiempo, fue para captar el sabor de tu boca.
Cada vez que te pedí que estuvieras en silencio, fue para sentir tu aura.
Cada minuto en que agarré tu mano con fuerza, fue para que los ángeles no me sacaran del cielo en el que me tenías.
Y con esto un adios concluyo aqui mis últimas palabras, para que sepas la verdad, lo que fuiste para mi y lo que siempre serás porque sabes que nunca, vaya a donde vaya, te podré olvidar.
miércoles, 9 de junio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario