
Lo que personalmente me marcaba de mis amores eran sus ojos...
Azules, verdes, grises, marrones, negros todos me gustaban. Algunos de mis amigos me decian que era un viciado a esa parte del cuerpo, otros no entendían el porqué de mi ¨obsesión¨pero recuerdo decirle siempre lo mismo a mis amigos, cuando me preguntaban sobre me afición por los ojos:
Cómo no iba a enamorarme de ojos en los que me podía sumerjir, ojos que olían a mar, esos donde pude oir el susurro de las olas, y el batir de las alas de las gaviotas, aquellos ojos azules, ¿quién no podría consumir el mar en su encanto?
Verdes, verdes como los prados y las montañas, verdes con olor a menta fresca, verdes, esos ojos, me recordaban a una selva amazónica, eran maravillosos, mi reflejo en ellos era increíble, parecía Indiana Jones en la busqueda de un tesoro, ¿ a qué tú también te sumergirías en ese jardín?
Los grises eran taaaaan especiales (*suspiro*), eran como una fría tormenta, una capita de rocío que enfriaba su mirada, pero la verdad esque me daba calor, porque mirabas más afondo y me recordaba a la ceniza que quedaba después de una acampada en pleno bosque ¿qué incrédulo no se enamoraría de esos ojos grises?
Marrones, marrones como la corteza de un árbol, de un árbol de cacao, del más dulce cacao, tan dulce como el sabor de su boca, una mirada deliciosa, como los ojos de un peluche, tan observables, amables, ¿quién se resiste?
Y los ojos negros, amantes de la nocturnidad, negros como el carbón, negros, pasionales, confidentes, silenciosos, atractivos, sensuales, esos ojos cautivadores de gato, esos ojos que llegaban a lo más hondo, que derraman ese sex-appeal que tanto me gustaba, ante tantos sentimientos...¿quién podía pasar de largo?
Muy bonito y original
ResponderEliminar;) (guiño de unos ojos marrones)
gracias eli :)
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