Me levanté con desatino y con el cuerpo mareado. Probablemente la noche anterior hubiera sido gloriosa, me prometí a mi misma que iba dejar ya de ser ¨la reina de la pista¨y que me centraría más en mi trabajo, pero que va... Ni siquiera duré un fin de semana.
Adoraba el olor de humo que provocaban las luces de las discotecas, amaba bailar al son del tecno en la tarima de cualquier pub, y quería con todas mis fuerzas tomar esa droga que me hacía olvidarme de todo y vivir por y para la noche: ALCOHOL.
Era triste pensar en que mis recuerdos se esfumarían a la mañana siguiente, como si tuviera ochenta años y empezara a sufrir pérdidas de memoria, pero había que admitirlo: era esclava de la noche.
Aquella mañana decidí cambiar el rumbo de mi vida para siempre. No hice una de mis promesas de esas que suenan a : LO INTENTARÉ, que va, ni eso ni mucho menos, juré que nunca más volvería a ser esclava de lo que me atormentaba y amaba de viernes a sábado, desde las 22:00 hasta que mi débil cuerpo aguantara.
Me miré al espejo, ¿dónde había quedado aquella Miss Instituto 2002?, ¿en qué guerra perdí mi cuerpo de bailarina de ballet, que esculpí durante mis 24 años de vida?, ¿acaso era Madrid quién me provocaba esas ojeras?, ¿acaso era la noche quien dominaba mi aliento moribundo?. Tras observar mi cuerpo debstado por secuelas de la¨movida madrileña¨ decidí ducharme y convertirme en lo que dos años atrás era.
Me acerqué y encendí el calefactor, busqué el tinte de pelo Castaño claro 422 que lucía antes, mi espuma de pelo que me dejaba las ondas perfectas, cojí todo mi maquillaje y un bonito conjunto de ropa formado por unas sandalias romanas marrones, pantalones cortos desgastados vaqueros, una camiseta básica marrón y una camisa de manga corta y un poco ancha roja.
Tras ducharme y hecharme el tinte, decoloreé mis uñas de rojo, extendí n mi cara corrector, iluminador y un antiojeras, después una base, polvos, un poco de ralla para el ojo, rimmel, y un gloss transparente un poquito rosa por mis labios. Sinceramente parecía otra.
Miré mi cocina en busca de comida, pero solo había comida basura, ni un mísero gramo de café. Así que bajé al Starbuck a por un cappuccino con extra de chocolate y de espuma. Lo acompañé con un delicioso y calentito croissant y cuando acabé mi desayuno pagué y me fui a inscribir a un gimnasio, eran las 11:00, una hora en la que probablemente hace un mes estaría durmiendo mi borrachera, pero que ahora estaba disfrutando. Ya no era una chica movida por los cannones de la noche, sino que era quien quería ser: YO MISMA.

Me gusta si :)
ResponderEliminargraciias^^
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